Oasis.

Hace menos de dos horas que visualizamos la fría niebla invernal que había bajo la nube al despedirnos con mas de veinte besos esta noche. Más despedidas. Un hasta luego, un nos vemos, mañana hablamos, y todas esas cosas que nos decimos cada vez que afrontamos el odiado momento en que debemos decirnos chau.

Siempre pasa. Unos minutos. Cambiamos de nivel. Pasamos a otro canal. Y no es que no hayamos hablado o no nos hayamos dicho todo lo que sentíamos en las horas que acabamos de compartir, es que simplemente nos quedan siempre temas por abordar, conversaciones por tomar o problemas nuestros y del mundo por subsanar o eliminar. Creo que si juntásemos a todos los habitantes de Europa esta misma noche y les pidiésemos que elijan un tema, nosotros dos tendríamos más temas que ellos juntos en una sola de nuestras charlas. Y quedaría una lista aparte de todos esos tópicos que a veces con razón y otras por mero respeto no tocamos. La mayoría los hablamos pero otros tantos, hay ocasiones que elegimos tirarlos por la ventana. Dueños cómplices de una aventura que sigue en curso. Sin pausas, sin titubeos, sin mareos, siempre con las cosas claras y sabiendo que es lo que buscamos en cada uno al reaccionar con el habla. Somos dos robots pensantes que saben cada palabra que están por expresar. Midiendo a cada sílaba la reacción del otro, calculando el impulso del corazón de uno y la elasticidad de la aorta del otro antes de que los pacíficos proyectiles cumplan con su teledirigido objetivo. Hemos logrado tenernos tanto respeto que no podemos no medir los enunciados cuando estamos entrelazados en alguno de nuestros apasionados debates.
Pero no siempre estamos hablando. El entendimiento logrado va mas allá de las herramientas existentes en las palabras y la comunicación auditiva. Podemos arreglarnos sin la voz, como hoy cuando en un momento de éxtasis puro vislumbre mis lagrimas de felicidad corriendo por el agitado desierto de mi rostro a través del reflejo generado en el inmenso oasis de tus ojos verdes. No busque tus palabras para entender donde estabas, donde estábamos. Un fuerte apretón de cuatro manos elevadas a tu pecho junto al habilitado aterrizaje de mi rostro en la perfecta curvatura de tu cuello, le permitió a cada uno de nuestros poros entender la cantidad de frases hermosas que estábamos procesando y vos inevitablemente encriptando en tu corazón.
Nos quedan mil millones de temas por compartir y charlar juntos pero hay otros que a veces no sobrevuelan la nube. Muchas veces los sentimientos que nos llegan de lugares a los que quizás nunca habíamos llegado antes, no se permiten ellos mismos expresar fácilmente y nosotros, llenamos espacios con silencios astrales que descienden a nuestra nube. Los sentimos, nos absorben, pero en cuanto a ser expresados en su forma y contexto, muchas veces optamos por simplemente compartirlos, sin mencionarlos…

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