Sobre como desmantelamos esta bomba at…

Un apasionado e interminable beso. Otro. Mi cansada mano derecha recorre tu cálido cuello y encuentra un lugarcito cómodo en tu axila, ahí queda. Tu amistosa pierna izquierda sin pedir permiso se estaciona lentamente entre mis tobillos, permiso concedido.

Estamos leyendo. Juntos. Queremos entender el porqué de todo este instructivo frente a nosotros de más de cien páginas, pero creo que el cansancio y las ganas de compartir hasta la última milésima de segundo físicamente juntos puede más y los ojos de a poco se van cerrando.

Acomodo mi feliz cuerpo para que finalmente encuentre la posición perfecta que me permita descansar unos minutos más. Estiras los brazos de manera elástica a modo de poder abarcar mi espalda y pecho. Tus manos comienzan un espaciado recorrido hasta lograr encontrarse frente a mi y cual combinación perfecta parecida a la de una caja fuerte de Suiza, se cierran sin querer desprenderse. Quedo prisionero a tu merced. Podría correr lejos, gritar a voz viva que alguien me saque, pero nunca se me ocurriría hacerlo ya que no existe felicidad parecida a la de sentirme atrapado por tu todo. Preso estoy y esclavo esbozo una sonrisa antes de caer en manos del Sr. Sueño.

Pasaran largas horas o fríos días hasta que volvamos conjuntamente a posar nuestros dulces ojos en el pesado instructivo. Sabemos que debemos leerlo todo pero faltan ganas, falta voluntad y aun así la maldita Sra. Responsabilidad, prima de Madurez, nos ahoga…

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