• Llamaradas

    Inexplicable mezcla de temperaturas paralelamente coexistentes, pares. Una sucumbiendo descaradamente la ciudad sin mayor alerta, solo nosotros conocemos su existencia, otra mucho más tímida, también secreta hierve de ganas y placer bajo el mesurado control de cada corazón que la contiene. Si no fuese por la piel, estallaríamos en lava de pasión, quemando todo lo que se nos cruza. Llamarada que nos quema por fuera y a su vez, latiendo bajo la piel, llamarada que nos consume segundo a segundo, inadvertida. Hace desearnos, físicamente atraídos por la única gravedad que nos sostiene, la del quererlo todo, siempre…
    El caminar juntos por el shopping nos pone a ambos la piel de gallina.

  • Temporada.

    Los ruidos del bosque enmudecen, las hojas dejan de caer, algunas quedan suspendidas en el aire. El río detiene la correntada, nadie pretende molestarlos.

    Es definitivamente el momento más disfrutable del día durante el cual estos dos lobitos poco a poco van dejando de lado la piel que habitaron para poder fundirse en ese infinito intercambio de risas y besos. Lobos sueltos por separado, corderos tiernos a su encuentro.

    Cuesta mucho poder encontrarse en el bosque con un alma que te haga perder la piel con un solo soplido de vida, un aliento fresco que te congele los huesos y vuelva a refrescar todos esos trozos de sentimientos que hemos ido ocultando por miedo a volver a perderlos. Uno aprende a la fuerza a guardar cuando se da cuenta de que lo que las hienas se han ido llevando es más de lo que queda dentro. Hienas, cuervos, tanto salvajismo suelto nos asusta y sin embargo aunque uno no lo considere, por ahí, quizás en momentos inoportunos, esa alma gemela aparece en la penumbra, sin anunciarse a aullidos, caminando lentamente, pero a paso firme. Siempre seguro de que lo que está por vivir, va a quedar grabado como algo irrepetiblemente hermoso.

    El atardecer es todo lo que los corderos necesitan, de esos que duran cien horas y una vez que el encuentro termina, cada uno sabe qué camino seguir y hacia donde correr si comienza a llover. Los días siguen su curso, y ellos siempre saben a donde volver, territorio estratégicamente  seleccionado la noche de aquel primer encuentro. Arquitectos de su propio destino, luchadores de una pesada diaria que termina con un simple encuentro de alientos y ganas de compartirlo todo, ellos a la noche saben que no le temen al frío  Siempre encuentran como acomodarse y descansar.

    Ya no se asustan, tienen estrategias de supervivencia. El invierno es largo, crudo y peligroso. Lentamente, a lo lejos, se puede escuchar el imparable avance de los cazadores, se siente el pisar de las hojas secas avanzando en dirección a ellos, uno, dos, tres disparos. Acaba de comenzar la temporada de caza.

    Se abrazan fuertemente buscando encontrarse en lo profundo de sus dulces miradas, lo peor está por venir. Lo saben, pero no sienten miedo… Silencio nuevamente, muy a lo lejos se sienten las risas de uno de los cazadores y el encendido de un motor que comienza a alejar el vehículo en el que llegaron al bosque.

    Un atardecer más que pasaron juntos y nadie pudo arruinárselos.

     

  • Laberinto

    Te las entrego todas. Podes ir seleccionándolas de a una, en grupo, siempre que cumplan con un orden lógico que permita entender lo que significa cada montoncito.

    Pido no las disperses mucho ya que a veces si se agrupan de a muchas son difíciles de entender. Hay algunas cortitas que parecen no significar mucho y sin embargo nos llenan el alma. Algunas emocionan, otras nos transportan a exactos minutos vividos en determinados momentos, específicos olores, los colores de ropas que usamos, tanto acumule de imágenes en apenas tan pocas letras!

    Traje todas las que encontré, de las que reconozco serías capaz de agrupar y formar un hermoso discurso con ellas. Si encuentras por ahí algunas otras, no dudes en usarlas, una vez que lo hagas, serán tuyas.

    Quiero que te sientes a mi lado y una a una vayas dejando salir. Que enuncies con la mejor de las respiraciones, con elocuencia y dignidad. Vos orgulloso de hacerlo ( sé que te lo estoy pidiendo) pero siento que venís guardando y guardando, sin darle a esa cabecita tiempo para vaciar enunciados, largarlos, dejarlos caer o simplemente dispararlos.

    Hoy alguna que otra letra puede sobrar, otras nunca las usaras y quedaran guardadas. De todas formas van a quedar contigo, inmóviles hasta que decidas re-armarlas. Pero con las que ya están formadas finalmente quiero me quites una duda… “Qué estas pensando?”.

  • Despielarnos.

    Para no sentirnos más solos. Y compartir. Para olvidarnos de la pesadumbre que nos azota día a día. Nos azotaba. Para inspirarnos, a ser mejores, a retener más aire en nuestros pulmones, para sentirnos más vivos, más frescos, llenos de vida y ganas de levantarnos no importa cuán temprano sea. Para cocinar, y cocinarnos, bailar y no parar de reírnos. Para despielarnos tanto como vaya restando sacar, y volvernos a vestir una y otra vez con ganas de repetir. Para encontrarnos y desencontrarnos, siempre con la sonrisa que nos caracteriza y este grupo de cuatro ojitos siempre atentos y deseosos de contemplarse. Para los cafés, los piropos, los suspiros y las medias frases. Las frases enteras y los enojos, junto a tu esfuerzo y encanto por ganar el desenojo. Para las fotos y no fotos, las que quedan por sacar y las que ya nunca sacamos. Las mil y una aventuras que juntos compartimos del pasado y el presente, cruzando dedos y rezando a santos para que en algún momento, con mucha suerte, en esta vida, nos toquen mil más por venir. Para no parar de llorar y justo cuando sentimos que estamos ahogados, dejarnos llevar por las locuras que cometemos, que no le hacen más daño a nadie más que a nosotros mismos. Por los desayunos y algún ayuno. Los mimos debajo de la frazada, la intención de compartir una carpa, una infinita noche, el eterno y tan esperado abrazo y los siempre bienvenidos besos.

    Y para esas charlas de magísteres en el derecho, el deber y la buena voluntad de no lastimarnos, de querer parar al mundo, solo por veinte minutos y ciegamente dinamitarnos en infinitas partículas para que juntas puedan volver a ser una misma fuerza. Un solo corazón, una sola voluntad, una sola razón, de ser, de amar, de contemplar. La exquisita causalidad de habernos encontrado es un premio compartido.

    Hoy, el viento y la lluvia limpian la ciudad, y yo al pensarte voy limpiando mi alma, la purifico y siento que me renuevo.

    Te extraño.

  • El caballero y su almadura.

    Allá por los noventa, cuando era la hora de ir a dormir, aparecía en la TV todas las noches y a la misma hora, el hiposaurio bostezón. Tenía una canción pegadiza y era una linda animación hecha vaya uno a saber dónde. También quería decir que llegaba la hora de ponerse la odiada polera que mi mamá me hacía vestir cada noche para dormir abrigado. Tenía un cierre muy, muy largo en la parte posterior del cuello que, si no estabas prevenido, te arrancaba una indescriptible cantidad de cabello. Y dolía. Mucho!

    Con el tiempo fui entendiendo que mamá solo quería protegerme, del frío de la noche, de las salidas tarde, de que si me vendían una cerveza abierta iba a tener droga, vaya si quería protegerme. Y era eso, un cargamento de buenas intenciones que siempre resultaban pesadas para mí, nunca suficientes para ella.

    Pasaron ya más de veinte años y sé que aun sigue protegiéndome. Ya no de los autos ni de la noche en la oscuridad, quizás sea un poco más profunda su preocupación y esté cuestionando mi alma, mis acciones dirigidas por el corazón, definitivamente no por mi razón. Recuerdo vívidamente la noche en que le mencioné cuan interesante sería ir a un psicólogo allá por mi temprana adolescencia, y ella dejó abruptamente de fregar, giró desde la pileta y con un tono preocupante me cuestionó: «qué te pasa, qué sentís, te pasa algo?». No volví a mencionarlo nunca más. Y si me hubiese escuchado el cuco psicólogo, andaríamos los dos hoy en día con los mismos cuestionamientos? No hay culpas, solo pasares. Y ese tiempo ya pasó.

    Los otros días en una de mis visitas a casa de mis padres, sentados mano a mano con mamá, volvió a surgir el tema de mi falta de suerte al no encontrar una persona con quién compartir la vida. Probablemente para ella mi dificultad radica en mi poco acertada selección de personajes que han desfilado por su casa y la mía propia, y eso haga ver a mamá con otros ojos las cosas. No lo sé.

    Pasa lo siguiente, no solamente me es imposible saber si a quien yo elija me va a acompañar un día o un trillón y medio, sino que además pueden pasar, y pasaron diecinueve meses en los que parecía que me casaba, tenía perros e hijos en mi relación más estable hasta la fecha, hasta que en un inadvertido despertar, estalló una bomba y la persona que amaba se convirtió en un total desconocido. Como ocurrió? No me di cuenta antes. En que fallé o fallamos? Nunca lo sabré. Tampoco creo que mucha gente pueda sentarse a explicármelo, solo sé que a medida que pasa el tiempo, siento que a través de las experiencias vividas, uno va ensillando su caballo. Afilando sus herramientas de a poco, para una vez sanadas las heridas, entusiasmado salir al ruedo a competir nuevamente en la más hermosa batalla que nos toque pelear.

    Siento que, por culpa de y gracias a dichas batallas, mi alma se ha ido endureciendo un poco más cada día. A pesar de las caídas y cruzadas no conquistadas, sigo siendo ese mismo muchacho que llegado el otoño, miraba los arboles y se maravillaba del color de las hojas, de la forma de sus ramas. Por dentro, todo eso a mí, me hacía feliz. Hoy, soy feliz. Y pienso seguir siéndolo.

    De todas maneras, y aunque nunca lo entiendas: «Gracias mamá!». Yo sí te entiendo y aunque no me creas, cargo a donde vaya con mi pesado armamento de defensa, solo que de la forma que me he ido armando, que funcione o no, va a depender siempre de mi intencionalidad en las batallas que me queden por atravesar.

    Eso sí, voy a optar por disfrutar de mis guerras, más allá de cualquier plan estratégico. Siempre.

  • Camuflaje.

    Disfrazarnos a diario ya nos resulta tarea fácil. Qué poco complicado que es poder demostrarse afecto aun con un centenar de extraños peatones a nuestro alrededor!

    Incluso en nuestro bar, rodeados de cuarenta camisetas celestes, un simple gesto suma a la dosis diaria y necesaria de afecto compartido.

    Otro de esos deliciosos cafés que enormemente disfrutamos mano a mano. Una mano mía que estaba agarrando una taza, se cruzó inesperadamente con una de tus manitos y ellas, casi sin haberse visto por dos días, decidieron entablar una afectiva charla que duró segundos, pero bastó para que ese digitado encontronazo sea eterno. Ellas charlaron, se rieron, acariciaron y hasta un par de besos se dieron.

    Hay veces que luego de ver como se reconocen y saludan nuestras manos, nos miramos cuales cómplices que acaban de concretar su ansiado plan maestro. Otras se nos pasa el momento sin mencionarlo, sabiendo lo que acabamos de hacer pero sin darle demasiada importancia, nuestras sonrisas o una simpática guiñada lo dicen todo.

    No pasaron treinta y siete minutos y las mismas manos hoy decidieron volver a encontrarse cerrando un casillero.

    Esta vez el deseado encuentro fue más despacio, mucho más disfrutado por ambas. Y ni el guardia de seguridad ni la señora que iba saliendo de la tienda (demasiado ocupada con las compras que había realizado) se percataron de tal emocionante y silencioso festín de dedos y manos.

    Nunca nos ha costado dejarnos llevar por la calibrada burbuja que hemos ido armando. Estoy convencido de que nadie se percata de ella y quienes sí lo hacen, disfrutan silenciosamente al verla. Otros la envidiarán, pero no nos corresponde.

    Vos y yo, dentro y fuera de ella, vamos «tranki».

  • Indefinido.

    «Pequeños contratos» los llamo yo. Hace un tiempo que vengo pensando en ellos. Son como pedazitos de acuerdos que nos hacemos cada vez que finalizan nuestras mágicas jornadas compartidas.

    Una y otra vez sentimos esa sensación de bienestar emocional que nos colma, nos deja tiesos en un mar de suspiros, resecos de aire en nuestros pulmones, compartiendo miradas sin poder decir una sola palabra más que entendiéndonos con emocionadas miradas. Cuánto intercambio de sensaciones, puff muerto estoy!

    Y así estamos, corriendo a favor de la tormenta, impulsados por nubarrones que cargan pesados vientos, cual dos coloridos salmones nadando ciegamente contra la corriente, esperando no estrellarnos en la orilla sino lograr sobrevivir en este lago colmado de especies hambrientas por devorarnos, desesperadas por separar nuestro nado sincronizado.

    Hoy sellamos un nuevo sobre. Un nuevo contrato. Renovando el último que apenas tenía dos días.

    A veces la espera es corta, otras suele ser un poco más espaciada. Generalmente intentamos que los contratos duren poco tiempo, cosa de no perder el entrenamiento logrado en nuestros estrangulantes abrazos o avasallantes besos.

    El contrato de hoy y de acuerdo a la inmensidad de lo vivido tal como manda una de nuestras leyes, te lo dejo pasar por el tiempo que quieras. No expira, no voy a contar los días hasta volver a firmar uno nuevo.

    Eso sí, que se repita. Que se repita!!!

  • Amado.

    Creo que todo comienza con mi fascinación por determinados estilos musicales. Viene de mucho tiempo atrás. De antes, desde mucho antes de comenzar siquiera a escuchar mis primeros cds allá por el noventa y tres.

    Mis oídos han estado impregnados de música desde que tengo uso de razón y cuando no la hay, la busco, la atrapo, la rapto para que camine junto a mí.

    Música sin idiomas, cual cobra en medio del desierto, con solo sentir el ruido excitante de la música que va a hipnotizar… ahí estoy fuera del cesto de mimbre, danzando, sintiendo el pulsar de los sonidos, llevando lentamente la melodía conmigo.

    Una vez dentro de mi cuerpo la guardo, la selecciono, le pongo coloridas etiquetas y sobrenombres, y ahí nomas en medio de mi corazón, las dejo tintineando. Así voy creando y acrecentando mi galería de temas, mis bandas sonoras. Hay veces que no llego a entender mis reacciones al escuchar determinados temas. Y a los minutos me doy cuenta que dichos impulsos saltan desde los más profundo de mi galería musical.

    A las canciones tristes muchas veces las dejo pasar, pero las melodías más dulces, quedan… son demasiado disfrutables. Desde hace ya un tiempo hay una canción que no puedo dejar de escuchar, y bastan cinco acordes para que mis sentidos se abran, se suelten… es que no soy solo yo escuchando a ella, somos nosotros dos, en tu rincón, abrazados, compartiendo lágrimas que ni sabíamos compartiríamos.  Es tu brazo recorriendo mi cuello hasta convertirse en suave almohada. Soy yo entrelazando mis brazos junto a tu cintura, reposando mi cabeza en tu hombro. Somos un mar de emociones junto a una confusa pero paradisíaca catarata de lágrimas que forman un tierno estuario. Aun sin la luz del sol, nuestras siluetas se reflejan cálidamente.

    Gracias Vanessa!

  • Los Dioses del café.

    Dos café. Uno doble filtro, el otro acompañado con leche, ese que viene con una jarrita blanca hermosa, tamaño individual, de esas que queremos cada uno para su sobrecargada colección de innecesarios artículos de cocina.

    Comienza el sin parar de temas que nos caracterizan, puesta al día, comentarios jocosos de algún amigo mío y alguna historia divertida de los tuyos.

    Nos rodea el pasado, con sus imborrables anécdotas que constantemente revivimos a gusto.

    La gastada punta de mi zapato toca esperadamente tu tobillo, lo acaricia. Siento tus inquietos talones acomodándose sobre mis dedos gordos primero, hasta que aterrizan ambos en mis pies. Se sienten cómodos, se sienten cerca, más cerca de esta forma, un poquito más que estando aun sentados en la misma mesa.

    Siguen las vivas risas, las miradas exactas, directas, penetrantes. Nada nos mueve hoy, sentimos el segundero del reloj aminorar el paso, cómplice de nuestro rutinario encuentro, hoy permitiéndonos que nadie de los que nos rodea logre distraernos. Si, ya lo sé, es un café más en una esquina de Montevideo, pero para nosotros se ha tornado en un necesario refugio a viva luz.

    Vuela el tiempo y a lo lejos se siente la voz del mozo: «se tomaron una horita extra hoy, eh?!».

    Cómo se olvida uno que es mortal!

  • Tiro yo!

    Miremos bien la ficha. Esta ficha colorida que llama la atención por la luz que segrega tanto al avanzar como al retroceder. Vayamos al punto exacto en el que fue creada. Color, tamaño y forma, altura, peso… y al tablero! Solo. Unos años más tarde llegaron los hermanos, no existe el juego sin ellos… siguió la vida, como si no fuese a pasar mucho. La escuela, siempre en el turno matutino, odio levantarme temprano. Seguimos con el liceo, mientras vamos bancando los enredos de familia, la que nos toco esa sí que de suerte, no hay otra. Los amo.

    Comienza la adolescencia, para muchos despertares de cosas nuevas, terribles aventuras, sexo los fines de semana, las salidas, joda y mucho alcohol. Eso sí hubo, mucho alcohol. El sexo en la adolescencia quedará para la reencarnación. Solo pido no ser hormiga. Bailes, actividades de cuarenta y ocho horas, nada de dormir, poco estudio, mucha diversión y fuimos forjando el camino con esas personitas que increíblemente hasta hoy están en la diaria, o los fines de semana, o cada ocho meses y aun así, no necesitamos de un llamado telefónico para saber que al estar cara a cara seguimos siendo los mismos, con el mismo amor que siempre nos hemos tenido.

    Algunos tuvimos la oportunidad de crear conocimientos nuevos en el extranjero, en los aciertos y en los errores, más o menos fuimos ampliando un poco el espectro mental. Y vinieron ellos, los nuevos amores, los amigos hechos en nuevas tierras, tan cercanos como los que habíamos dejado lejos. Como se complica poder armar el campo mental sin dejar a nadie, pero intentando que entiendan los nuevos a los viejos y los viejos a los más nuevos. Aparecen ahora los nuevos hermanos de la vida, las parejas de nuestros amigos que andan por el mundo y los de acá. Y los sobrinos, sangre de nuestra sangre.

    Las nuevas adiciones son personajes adorables que han sabido ganarse grandes lugares en el corazón de uno. Algunos han quedado por allá, y se los extraña, mucho, pero siguen creando su camino. La distancia tiene la amabilidad de hacernos sentir más cerca, incluso más cerquita de muchos de los que andan a la vuelta.

    Cada uno por su camino, algunos tropezones, pero estamos todos. Seguimos en el tablero, jugando, a hacernos los adultos. Nos pesa un poco más a medida que avanza el contador. Casamientos, hijos, seres increíbles que dejan de estar físicamente presente, pero pasan a ocupar lugares nunca antes imaginados. Están. Siempre.

    Y uno, con la cabeza para arriba, mirando para adelante. Intentando esquivar pozos, puentes, carteles despintados, manchas en el tablero. Que difícil a veces se hace continuar el camino! Otras veces nos parece tan fácil! Siempre he pensado que indudablemente es más fácil llegar a la utópica meta cuando son dos coloridas fichas las que juegan en la misma casilla. Tanto amor puro brindado a los amigos, y tanto amor que fluye para darle a esa personita única que sea capaz de hacernos volar, sin capa, sin motor, solo con una mirada cómplice, una mano apretada fuerte que te dé o pida fuerza para tirarnos de cabeza a ciegas. Contención. Respeto. Amor. Puff!

    Hace un rato espero la mía. Un buen rato. Y pese a las mil y una vueltas de este entretenido juego de caja llamado vida, me se siento tan preparado para poder conquistar el tablero! Entrenado, con el lustre de una ficha que se siente poderosa, con ganas de que el dado siempre salga en el seis…

    Y meta salir el uno!

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