Puff.
Y ahora. A dónde voy? Qué sigue? Qué somos? Cómo nos movemos?
Siento que a cada paso que damos, nos invade la culpa y la bipolaridad del alma, que se llena de papelitos de colores y tormento al mismo tiempo.
Nos hemos convertido en un experimento tan pero tan hermoso que es directamente proporcional a lo mal que nos hace. Bastan tres suspiros de libertad y placer para que nos castiguemos con el látigo doloroso de la culpa y el deseo. Aprieta, nos duele a los dos de la misma manera, pero quién puede querer que haya un mañana cuando el segundo que compartimos es infinito.
Y así disfrutamos del pecado de una manera que nadie se atreve. Latente en nuestras cabecitas esta el saber lo que nos amamos y cuánto mal nos estamos haciendo. Pero, qué puede más? El deseo de continuar o el deseo de parar?
Cuánto va a costarnos continuar?
Parar de qué manera?
El freno se nos quebró hace rato…
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