Ensalada.

Sensaciones encontradas. Mezcla de felicidad y llanto. Felicidad externa y un goteo por dentro que nubla a veces la visión. Distancias que no existen en un alejamiento físico casi inapreciable, pero que pesa con el pasar de las horas. Mis ganas de volver a casa desaparecen al saber que no vas a estar ahí, esperándome, esperándonos.

Me falta ese exquisito tono de voz que me hace voltear en medio de donde esté. Las infinitas caricias y tus besos, los regalados voluntariamente y esos que escondemos sin que el ajeno ojo humano distinga. Tu mano dulcemente áspera acariciando mi nariz. El contacto de tus labios con mi frente.

Tantas cosas me hacen falta hoy, créeme. Y se que son las mismas que del otro lado del océano están haciendo falta, las mismas.
Diferencia horaria que lucha por separarnos y no le hemos dejado ganar, no va a ganar.

Ahora mismo siento el llamado de mi almohada casi a la misma vez que vos dejas la tuya, es una acción en conjunto, aún a lo lejos… Me acuesto dejando palabras para que leas al levantarte.

BUENOS DÍAS MEAMOR!!!

(Un borrador de FOFIS nunca publicado, recién encontrado, escrito en el 2013)

Luz

Mejor duermo. El sueño tiene ese reconciliador sistema de hacerme olvidar del ahora, aún cuando sea para ingresar al ayer o el mañana; por lo menos en estos momentos el sueño me ayudaría a perder momentáneamente mis ideas.

He logrado olvidar el hambre, algo jamás pensado en mi. Enemistado con mi emancipado estómago, logro no comer y sin embargo no puedo no pensar en vos.

Hago caso omiso a todo lo que cruza calesita-mente delante mío pero si es de vos lo bajo de un manotazo y disfruto cual manjar más exquisito. Lo que sea, una noticia, un correo, una foto, todo sirve, la emoción y la distancia aceleran mis latidos.

Nadie sabe y ni yo lograré algún día saber como fui a parar bajo un faro. Justo ayer, justo hoy. Solo puedo ser testigo de la fuerza que hice desde mi lado para que toda la luz que entregué llegue, te llegue.

Estas en la ciudad de las luminarias y se que aún siendo la mía una en un millón, donde destelle mi pedacito de luz vas a saber que soy yo y no vas a dejarla ir.

Es esa fracción de segundo, que no necesito presenciar, la explicación de lo que somos.

Travesía a nado.

Nunca fui un pez espada en el agua. Sin embargo cuando la diversión en mi trabajo dependía de saber nadar o no, tome mis pruebas de nado en el lago del campamento y pude obtener mi color violeta, el título que me permitiría disfrutar con responsabilidad de las aventuras del campamento donde trabajaba, en el lago usando botes, canoas o la banana tirada por una lancha. Y probé ser nadador mediocre, con todas las satisfacciones que me brindó.

Hoy necesito mi habilidad en el agua más que nunca. Tengo los planos y un trayecto específico que logré imprimir de los acueductos que van desde mi casa hasta la tuya. Cuadra a cuadra, caño a caño he de desplazarme gracias a la potencia de mi sisterna hasta lograr salir por tu baño, rescatarte y traerte a casa. No quiero preguntarte si sabes nadar ya que mi idea es volver por el camino más seco y este plan maestro es secreto.

Linterna en mano, traje de neopreno, y alguna pastilla de cloro en caso de que; como dice la prensa, hayan cuadras no tan potables del agua que esta noche une nuestros destinos. Voy a vos, sin apuro pero con la prisa que corre por mis venas. Mañana el despertar será otro. Amaneceremos juntos.

Tomo mi tiempo en el cuarto para poder repasar los ejercicios de respiración en caso de que el tubo de oxígeno me falle. Repaso con mis dedos temblorosos el mapa intentando no pasar por alto detalle alguno.

Últimos segundos antes de embarcarme en mi aventura, quizás la más complicada hasta ahora, pero mi amor por vos derriba la muralla China.

Agarro mis herramientas y me dirijo al baño. Al abrir la puerta observo que hay una llave inglesa y un cuchillo sobre el mármol. El reflejo del espejo nubla mi visión. Siento ahogarme y la garganta comienza a secarse.Recuerdo inmediatamente; no hace mucho tiempo, para qué habíamos usado dichas herramientas, esas que no son parte de mi plan…

Cisterna rota, vaya plan!

Kolorkins

Allá por 1988 Kodak lanzaba una campaña en la que regalaba animales de peluche, que se llamaban Kolorkins. Y mi fascinación por ellos llegó a tal grado que bauticé a mi entrada forzosa al sueño “Kolorkins”.

El ritual era/es sencillo. Cada vez que quiero o pienso que debo esforzarme en dormir, cierro mis ojos. Observo el infinito universo oscuro que cae ante mi. Busco allá por el nuevo horizonte y los veo venir. Miles de micro partículas coloridas. Rojas, azules, amarillas y algunas verdes. Son colores no muy definidos pero a medida que intento cerrar más fuerte mis ojos las veo acercarse con mucha más prisa. Ellos son mis Kolorkins. Y cada noche que les he entregado mis ojos; dueños de mi infinita oscuridad, no me han fallado.

Hoy aquí. Veinte horas más tarde ni mis Kolorkins me ayudan a dormir. Sé que no son ellos. Es el vacío. Mi cama se siente más fría esta noche de abril. Hay un colchón que se siente más liviano a mi lado. Me abraza y susurra en mis oídos frases que intentan acompañarme. “No estás solo” dijo mi almohada, esa que lleva tu nombre.

Aparecen nuevamente mis amigos, uno rojo, veinte, y ahora verdes, cómo puedo hacer para dormir esta noche al no sentir tu calor?…zzzzzzzz

Dudas?

Porque es tan complicado que alguien nos ame? Perdón, reformulo la pregunta. Porque es tan difícil creer que alguien pueda llegar a amarnos tan profundamente y aún así complicarnos para dudarlo todo el tiempo?

Como mido el amor real que siente la otra persona hacia mi, cuando dudo de ese mismo amor ante el primer destello de pureza y ternura verdadera?

Dualidades inquietas que no le permiten a mi cabeza descansar tranquila ya que todo el tiempo me obligo a pensar que la persona que tengo durmiendo en mis brazos va a lastimarme de igual o peor manera a como lo hizo quien una vez durmió en mi mismo brazo.

Solo que esta vez el dormir es distinto. Su latir es diferente. Y hasta el “buenos días” suena dulcemente nuevo, otro color de voz, melodía mezclada con café y canela, amaneceres que he ido aprendiendo a amar de a un sol y nube a la vez. Todo deja de ser lo que es para convertirse en algo nuevo.

Entonces pienso, porque sigo arrastrando el miedo a que me vuelvan a hacer daño si al abrir mis ojos todo es nuevo? Será hora de comenzar a apostar a lo completo que me siento a tu lado y dejar de dudar por un instante de lo que aún no ha pasado? Y si pasa, ya lo he transitado pero la pregunta más hermosa y prometedora de todo esto es: y si no pasa nada malo?!

La despedida.

De las veinticuatro horas que tiene el día y sin temor a equivocarme, pasamos comunicados catorce de ellas. Es el avance en los aparatos electrónicos que nos ha favorecido las vidas y la manera en que nos comunicamos. No queda tema que se nos pase comentar, foto por compartir o secreto por confesar.

El día comienza a eso de las ocho veinticinco y se nos termina poco después de las nueve de la noche y aunque sin intentarlo, pero de manera muy sutil, podemos llegar comunicados hasta la medianoche.

En pocos días romperemos la marca de dos mil fotos compartidas y he aquí nosotros rompiendo récords una vez más!

Pero hay algo que me entristece el alma y hace que mis almohadas giren una y mil veces, comience a recapitular lo hermoso que ha sido el día y las mil y una charlas; intentando borrar el agrio sabor a eso que sé que me acabo de perder, la diaria despedida. La del día. Esa en que nos decimos “chau”. Infinita e interminable conversación en la que introducimos tantos nuevos temas que increíblemente deseamos no se termine más. Adrede debe ser y recién ahora me doy cuenta, mezcla del no quererla e intentar ante los inagotables tópicos no parar de teclear, seguir leyéndonos, ahuyentar el sincrónico termino de nuestros latidos.

Hoy siento eso, siento que no paramos de comunicarnos forzosamente a la vez. Vos en tu colchón y yo acá en la cama. Pensándote, siempre, NN.

Gaivotas do Rio.

Meses de planificación sumados a días de sueños por realizar determinadas actividades juntos en un lugar único y sin embargo en apenas un par de horas confirmamos lo que tiempo antes pareció un simple deseo loco que siempre pensamos terminaría como muchos otros, en nuestro baúl. El baúl de actividades y planes que nunca iremos a completar. Pero no, el más improbable de todos, las mas inimaginable de todas nuestras aventuras nos despertó entre los morros, bañados de la salada agua que pertenece al inmenso mar que refresca, abriga y protege a ese paraíso que te vio nacer.

Un inmóvil torbellino de emociones se canalizó por pocos pero intensos días en diciembre. Mismo antes de que pasemos la Navidad con nuestros seres más queridos, lo nuestro fue una burbuja de placer y pasión, un desfile de colores y sensaciones que vislumbró los ojos de ambos. Mis ojos eran primerizos y los tuyos así también lo parecían. Nadie pudo quitarnos las sonrisas tatuadas en nuestros rostros, ni el enemigo cansancio que varias veces intentó derribarnos.

Quedaron infinitos lugares por visitar y comidas por probar, pero lo logrado en tan poco tiempo es un récord digno de figurar en todo libro Guinness. Suelas gastadas de zapatillas que supieron recorrer todo lo que estaba previsto y más. Decenas de sets de fotografías tomadas en indescriptibles paisajes que solo me había animado a soñar. Muchas de ellas hoy, comienzan a formar parte de otro sueño por cumplir juntos.

Difícil imaginarse una patada linda de vida, sana y así lo fue, un galope de emociones en cada uno de los segundos compartidos y un maremoto de momentos que a toda hora hicieron nublarnos los ojitos de felicidad y la gratificante sensación de libertad fuertemente compartida. Estuvimos a cada segundo pegados uno al lado del otro con los brazos bien extendidos a los costados gritando de felicidad, a una altura diez veces mayor a la del señor que nos imita y a su vez cuida la ciudad.

A cualquier hora del día, en las hermosas playas se pueden visualizar decenas de gaviotas revoloteando la orilla, recorriendo toda la costa de morro a morro. Ellas tienen la mejor visual de todas, y nosotros, en estos cuatro inmensos días, fuimos gaviotas salidas del grupo, probando nuevas velocidades de vuelo y de caídas al vacío  para siempre retomar el vuelo que nos contuvo. Fue un hermoso vuelo, que espero siempre poder repetir contigo.